—¿Qué demonios? —todo el séquito Kane respiró como uno solo, shock ondulando a través del salón.
Vetala se lo había metido en la cabeza durante el viaje: nada de gruñidos, nada de amenazas, ni un solo gesto maldito hacia los Lancaster, porque esos diablos arrogantes tenían el único antídoto de Bella Kane.
Ni un alma entre ellos se atrevía a mostrar aunque fuera una pizca de hostilidad hacia un Lancaster.
Sin embargo, preparados para enfrentar la arrogancia Lancaster de frente, en su lugar encont