56. LA CURA DE TU ENFERMEDAD
LORIEN
Pensé que el corazón se me iba a paralizar en el pecho cuando vi al poderoso príncipe lycan aparecer de entre las sombras.
Los palitos de madera cayeron al suelo desde mis brazos temblorosos.
—Yo… yo no… —comencé a balbucear, con una mezcla de miedo y alegría.
Diosa, nunca pensé volver a verlo y mi cuerpo vibraba con ganas de ir a abrazarlo.
Pero si leyó mi declaración, Damon vino a pedir explicaciones y a castigarme.
—¿Por qué te pones tan nerviosa? ¿Estabas haciendo algo malo? ¿Quizás