48. SOLO UN SUSTITUTO
DAMON
—¡Lorien! ¡Lorien! —la llamé aguantándome el enojo que iba en aumento.
Salí de su cuerpo, mucho más disgustado de lo que hubiese imaginado, acomodándola sobre la cama.
—Muy conveniente para ti quedarte dormida justo ahora, ¡maldit4 sea! —rugí, apretando los dientes, viendo su rostro inocente, mirando su cuerpo lleno de mis marcas, con mi olor… Ah, no. No. Solo le había hecho el trabajo a otro.
Al tal imbécil de Damon. ¡¿Qué carajos?!
Me bajé de la cama, caminando por la habitación como un