30. CACERÍA NOCTURNA
NARRADORA
—¡Mérida! —se arrojó hacia ella, sosteniéndola en brazos—. ¡¿Qué hacen ahí parados?! ¡Llamen a la curandera, llámenla!
—¡Aquí estoy, Alfa! —Maggi entró con prisas; ya habían ido a buscarla y se encontraba cerca.
—Colóquenla en la cama, necesito agua caliente, busquen las hierbas en mi casa, despejen la habitación…
Comenzó a dar órdenes aquí y allá. Todas las doncellas obedecieron, pero estaban nerviosas, perdidas.
—¡Aahh! —una de las chicas se había herido con la taza de té dejada sob