Su agarre se apretó alrededor de la parte posterior de su cabeza, alejando su rostro de su polla.
La mirada de ella sostuvo la de él perezosamente, ebria de necesidad, con sus labios hinchados y brillando por la saliva y el líquido preseminal.
La mirada de él la mantenía sumisa, y su pecho subía y bajaba mientras el agua caía sobre ambos en cascada.
Los ojos de él bajaron por su camisón, viendo cómo la tela mojada se pegaba a su cuerpo, moldeando sus pechos perfectamente redondos.
“Levántate, p