“Si nos quedáramos en la misma habitación, palomita”. Su mirada bajó, recorriendo lentamente su cuerpo, la lencería negra que usaba y que realzaba sus pechos como una seducción. “No dormirías ni un minuto. Yo me encargaría de ello”.
Sus palabras resonaban sin cesar en sus oídos, después de que él la hubiera dejado sola en la vasta habitación con la cama tamaño king ocupando la mayor parte del espacio.
Daba vueltas, las sábanas envolviéndose a su alrededor, pero el sueño se negaba a llegar.
Cada