CAPÍTULO — La Partida que No Espera
El Aeropuerto Internacional de Carrasco estaba despierto desde temprano, pero para Mía el mundo se había reducido a un solo punto: el abrazo de sus padres.
Todo lo demás era ruido de fondo.
Las luces blancas reflejadas en el piso pulido, el murmullo constante de voces que se cruzaban en distintos idiomas, el sonido metálico de las valijas rodando sin pausa… todo ocurría alrededor, pero ella apenas lo registraba. Tenía el pasaporte firme entre los dedos,