CAPÍTULO 265 — Lo que no se dice aún
Mía llegó a casa con sus padres después de la boda de su hermano, cuando el sol ya se había ocultado por completo y la noche envolvía Montevideo con un aire tibio y cansado.
Había sido un día largo, cargado de emociones intensas, de abrazos, de lágrimas contenidas y de sonrisas que todavía le dolían en las mejillas de tanto reír.
Había dormido un poco. No mal, pero poco. Y durante todo el día no había dejado de pensar en Cristian, que no le había escrito n