CAPÍTULO 246 — Donde el destino se multiplica
(Punto de vista de Ayden Castell)
Había algo en ese día que se sentía distinto. Como si el aire tuviera un brillo propio, como si Dios hubiese abierto una ventana solo para nosotros. Caminábamos por el pasillo del hospital tomados de la mano, y yo no podía desprenderme de la sensación de que estaba viviendo uno de esos momentos que marcan un antes y un después.
Cuando llegamos al consultorio de la doctora Ángela, allí estaban ellos:
mis padrinos.