CAPÍTULO — “MADRID, EL PADRE… Y EL PRIMER TEMBLOR”
El avión tocó tierra con un sacudón seco, casi brusco, que despertó a medio pasaje.
Milagros abrió los ojos despacio, sintiendo el peso del mundo en el pecho.
Ayden seguía con la cabeza recostada en su hombro, respirando tranquilo, con ese gesto de niño grande que la desarmaba más de lo que quería admitir.
No tuvo valor para moverlo.
Ni ganas de hacerlo.
Ni fuerza para alejarlo.
Él despertó justo antes del aterrizaje, pidió disculp