CAPÍTULO 206 — Continuación
El hotel estaba iluminado como una joya ese mediodía, con la luz del río rebotando en los ventanales del lobby. Pero Milagros no vio nada de eso. Cuando llegó, lo atravesó como una ráfaga, con el blazer abrochado y la cartera colgada del hombro.
Su expresión era puro acero.
—¿Ayden Castell? —se acercó sin saludar.
La recepcionista la reconoció enseguida.
—¿Doctora Saavedra? Buenas tardes.
—Buenas tardes. ¿Dónde está Ayden Castell? —preguntó de nuevo.
La chica d