CAPÍTULO 193 — Primer Día: Y Ya Quiere Renunciar
Milagros respiró hondo frente al espejo del ascensor.
El reflejo que la miraba ya no era la chica rota de quince años que lloraba por un rubio insoportable. No. Esa mujer llevaba otra estampa: traje beige impecable, cabello recogido con una elegancia estudiada, tablet bajo el brazo y, entre los dedos, la carpeta del contrato sujeta con la misma firmeza con la que un cirujano sostiene un bisturí antes de empezar una operación complicada.
—Vamos,