CAPÍTULO — “PRIMER DÍA: Y YA QUIERE RENUNCIAR”
Milagros respiró hondo frente al espejo del ascensor.
El reflejo que la miraba ya no era la chica rota de 15 años que lloraba por un rubio insoportable. No. Esa mujer llevaba otra estampa: traje beige impecable, cabello recogido con una elegancia estudiada, tablet bajo el brazo y, entre los dedos, la carpeta del contrato como si fuera un arma cargada.
—Vamos, Saavedra… —murmuró—. Son seis meses. Solo seis meses. Después volvés a tu vida, a tus