Capítulo 170 — Roma, fe y helados
El avión descendió sobre Roma con esa sacudida que te recuerda que la aventura recién empieza. Sofía miró por la ventanilla con los ojos abiertos, como una nena que veía todo por primera vez, aunque ya conocía de sobra lo que era viajar. Pero esta vez era distinto: no estaba sola, ni con colegas, ni en congresos. Esta vez tenía a Adrián al lado, apretándole la mano, y a Ayden que, en su sillita, pataleaba fascinado.
—¿Viste? —dijo Adrián, bajando la voz para n