El sábado llegó con lluvia y con el sol alternándose cada veinte minutos como si el cielo de Vancouver tampoco hubiera podido decidir todavía.
Renata se levantó a las siete. Preparó el desayuno. Comió despacio mirando el plano del edificio de ladrillo del East Side que Devereux le había mandado y que llevaba dos días estudiando sin urgencia, porque los planos de un edificio que todavía no había visto en persona son un mapa antes del territorio, útiles pero incompletos.
A las nueve mandó un mens