Tenía diecisiete semanas cuando notó que los pantalones ya no cerraban bien.
No fue un momento dramático. Fue un martes por la mañana en el baño del apartamento, con el botón del pantalón de trabajo a dos centímetros de su lugar, y el cuerpo diciendo con la tranquilidad de quien cumple con lo que le corresponde que el espacio disponible ya no era el de antes.
Renata lo miró en el espejo durante un momento.
Luego se puso el cinturón dos agujeros más suelto, metió el borde de la camisa por fuera