Adriano no soportaba las cosas que no cuadraban.
Ni las cuentas, ni los silencios, ni las versiones demasiado limpias para ser ciertas.
La carpeta de seguridad del hotel estaba abierta sobre el escritorio desde hacía veinte minutos.
Tres páginas.
Autorización de mantenimiento de la terraza.
Firma de Octavio Ibarra.
Horario de corte de cámaras: de seis a once de la noche.
Evento principal: de ocho a diez treinta.
Adriano leyó la línea cuatro veces.
Luego una quinta.
No era una coincidencia. El h