El vuelo a Cartagena salió un martes a las siete de la mañana.
Renata hizo las maletas el lunes por la noche con la precisión de alguien que lleva meses sabiendo exactamente qué necesita y qué puede dejar atrás. Una maleta mediana, no la pequeña del exilio. Ropa de trabajo liviana para el clima de la costa. Los planos del ladrillo del East Side que iba a revisar en el avión. El cuaderno de campo y la cámara.
Y la documentación médica que la doctora Leighton le había preparado para el vuelo. Vei