Capítulo 62
—Diego tenía una mano metida en el bolsillo de su pantalón de vestir, con el rostro apático y una mirada más profunda y sombría que la noche misma. Observaba en silencio, con los labios ligeramente apretados.

Natalia ayudó a Damián a subir al carro, cerró la puerta y se despidió con la mano:

—Adiós, maestro Damián. Mateo, te lo encargo mucho, por favor asegúrate de que llegue bien al hotel.

—Descuida —respondió Mateo—. Tú también vete pronto a casa a descansar.

El vehículo se alejó.

De repente,
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