El interior del carro se sumergió de repente en un silencio sepulcral.
Natalia mantenía la mirada baja, con las pestañas temblando levemente.
No podía corresponder al amor de Mateo; sentía que había perdido casi por completo la capacidad de amar a alguien.
Por eso, no debía ni quería hacerlo perder su tiempo.
Diego le había enseñado, a la mala, que entregar el corazón es el camino al abismo y que amar demasiado solo te deja llena de cicatrices.
El limpiaparabrisas se movía rítmicamente mient