Simplemente vengativa.
Judith forcejeó, luchando por liberarse del abrazo de Dylan, pero él la apretó aún más contra su pecho, sin intenciones de soltarla y desde su posición, ella susurró:
—No me hagas repetir eso. Me humillas demasiado.
Dylan escuchó atentamente el ruego desgarrador de Judith y sus palabras resonaron en lo más profundo de su ser. Y sin soltarla, se aferró aún más a ella.
—Pero necesito saber qué me condena. Es injusto condenar a alguien sin decirle los motivos, por favor, explícame — le suplicó.
—