Capítulo 84
El silencio en aquel despacho resultaba asfixiante. Daryl seguía abrazando a Lilian, pero su mirada estaba perdida, como si un muro infranqueable se interpusiera entre ellos. Lilian podía sentir la rigidez de su cuerpo, como si cargara un peso imposible de soltar.
—Daryl… —lo miró con los ojos empañados—. Aún no has respondido. ¿Cuál es la razón? Dímelo.
Daryl tomó aire profundamente y soltó el abrazo. Se dio la vuelta y caminó hacia el ventanal. Su espalda lucía tensa, inmóvil. Lil