A la mañana siguiente, el cielo amaneció encapotado, como si reflejara el estado de ánimo de Lilian. Se encontraba de pie frente al edificio del tribunal, con la respiración agitada. Aunque había intentado calmarse durante toda la noche, la inquietud la atenazaba todavía. Hoy sería un día decisivo. Un solo paso en falso podía arrebatarle a Gabriel de sus brazos.
Aditya caminaba a su lado, sereno como siempre.
—Hoy debemos estar aún más preparados —dijo con tono firme—. Carlos no dudará en prese