Capítulo 58
El tiempo había pasado sin que nadie lo advirtiera, y aquel día había llegado: el día del juicio.
El edificio del tribunal distrital se erguía imponente. El aire frío de la mañana hizo que Lilian se ajustara la chaqueta negra y sencilla que llevaba puesta. Sus manos temblaban mientras aferraban la carpeta con los documentos. Sus pasos eran lentos, como si cada movimiento hacia la sala de audiencias fuese un peso insoportable sobre sus hombros.
—¿Señora Lilian? —la voz serena de Adit