El coche avanzaba con calma, aunque el ambiente en su interior seguía siendo tenso. Lilian permanecía inmóvil en el asiento del pasajero, con la mirada perdida en la ventana. De vez en cuando, Daryl la observaba de reojo para asegurarse de que estuviera bien.
—Gabriel está a salvo —la voz de Daryl sonó firme, sin dejar espacio a dudas—. Lo más probable es que ahora mismo esté jugando con Aurora en casa.
Lilian