Aquella mañana, Lilian estaba de pie frente al espejo del baño, acomodando el cuello de su blusa blanca. Se recogió el cabello en una coleta prolija y ya llevaba un toque de pintalabios natural en los labios. Daryl apareció un instante en el marco de la puerta y, con voz breve, dijo:
—¿Ya estás lista, Lilian?
Lilian sonrió con nerviosismo.
—Sí, ya estoy lista, Daryl. Desea que todo salga bien.
Daryl la acomp