El silencio dentro de la oficina cayó como un peso sobre los hombros de Margaret. Aquellas palabras —“la compañía está completamente endeudada”— retumbaban en su cabeza como un fuerte ruido de tambor.
Sentía cómo el aire se volvía espeso, como si le faltara oxígeno en los pulmones. Se obligó a inhalar profundamente, pero el nudo en el pecho apenas cedió.
—Déjame ver esos documentos —ordenó con la voz más firme que pudo reunir.
Elize extendió la carpeta con cuidado, temiendo de que Margaret pudi