Lucien apenas había salido del centro de detención cuando su teléfono vibró. Era uno de los números asignados a las enfermeras que él había contratado para vigilar de cerca a la bebé.
“Señor Lucien, su esposa la señora Margaret no podrá ser dada de alta hoy. Los exámenes de la niña tardarán hasta mañana en la mañana.”
Lucien detuvo la marcha. Sintió como un alivio le recorrió el pecho, pues desde el día anterior Margaret estaba planeando su huida sin él, un día más, le daba la oportunidad de no