CAPÍTULO 83

Lucien apenas había salido del centro de detención cuando su teléfono vibró. Era uno de los números asignados a las enfermeras que él había contratado para vigilar de cerca a la bebé.

“Señor Lucien, su esposa la señora Margaret no podrá ser dada de alta hoy. Los exámenes de la niña tardarán hasta mañana en la mañana.”

Lucien detuvo la marcha. Sintió como un alivio le recorrió el pecho, pues desde el día anterior Margaret estaba planeando su huida sin él, un día más, le daba la oportunidad de no permitir que se fuera.

Apenas salió el sol, ya estaba conduciendo a toda velocidad hacia el hospital con un ramo de flores nuevas, más grandes que cualquier día anterior, sosteniendo en cada pétalo la absurda esperanza de que ella hubiera cambiado de opinión.

Pero todo ese pequeño intento de ilusión se derrumbó apenas cruzó la puerta de la habitación.

Adrien estaba allí.

De pie junto a la cama, el hombre sonreía, tenía un peluche rosa en las manos, que movía de un lado a otro, mientras le habla
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