Durante unos segundos, el silencio reinó en la habitación, nadie se movió. Nadie respiró. Lorain seguía congelada, con una mano aferrada a su mejilla ardiente, incapaz de asimilar que Margaret realmente la había golpeado… no una, sino varias veces. Shaira observaba con una especie de satisfacción silenciosa, Brandon miraba a otra parte para contener su reacción. Lucien, en cambio, parecía petrificado.
La incredulidad de Lorain duró apenas un segundo antes de romperse por completo; un llanto de