Durante unos segundos, el silencio reinó en la habitación, nadie se movió. Nadie respiró. Lorain seguía congelada, con una mano aferrada a su mejilla ardiente, incapaz de asimilar que Margaret realmente la había golpeado… no una, sino varias veces. Shaira observaba con una especie de satisfacción silenciosa, Brandon miraba a otra parte para contener su reacción. Lucien, en cambio, parecía petrificado.
La incredulidad de Lorain duró apenas un segundo antes de romperse por completo; un llanto desgarrado se escapó de sus labios, demasiado dramático, buscando consuelo, casi que en automático.
—¡Lucien…! —lloriqueó mientras estiraba las manos hacia él—. Ella me golpeó… me atacó sin razón… ¡yo solo quería hablar!
Lucien parpadeó, sorprendido. No esperaba que Margaret cruzara esa línea. Frunció el ceño con desaprobación, dispuesto a decir algo, pero Margaret lo encaró antes de que emitiera un solo sonido.
—¿Piensas defenderla otra vez? —preguntó con voz baja, llena de un dolor tan afilado q