—Adrien, esta no es la manera… —dijo Margaret con la voz quebrada, apenas capaz de sostenerle la mirada.
Él se inclinó hacia ella de inmediato, como si ese tono frágil activara algo instintivo en su interior. Sus ojos recorrieron su rostro con rapidez y entonces notó las manchas de sangre seca en su frente, que habían comenzado a deslizarse lentamente hacia su ceja.
—¿Te sientes bien? —preguntó con urgencia, sus ojos desorbitados la recorrían de arriba abajo, causándole terror.
Margaret sintió