Mientras tanto, la noche caía lentamente sobre la ciudad, ya la desaparición de Margaret era evidente y desde temprano no se sabía ni lo más mínimo sobre ella, causando terror en sus seres queridos.
Lucien caminaba de un lado a otro en la sala, con el teléfono pegado a la oreja, marcando una y otra vez el número de Margaret. Cada intento terminaba de la misma forma: la línea ocupada o sin señal. El sonido repetitivo de la llamada fallida comenzaba a perforarle los nervios, alimentando una deses