Tiempo después
—¡Que los cumplas feliz…! ¡Que los sigas cumpliendo, hasta el año tres mil!
¡Bravo!
Las voces se alzaron al unísono en el jardín de la mansión. La pequeña Celeste, de pie frente al pastel decorado con colores rosas y pequeñas figuras de animales, miraba fascinada las tres velitas encendidas que titilaban suavemente con la brisa de la tarde.
Era su tercer cumpleaños, y aunque la reunión había sido pequeña, el jardín de la casa estaba lleno de risas, globos y ese tipo de felicidad