Dos semanas más tarde, el silencio del baño parecía demasiado incómodo para Margaret.
Sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía el casete del test de embarazo. Lo observaba como si aquel pequeño objeto tuviera el poder de cambiarlo todo en cuestión de segundos.
Desde que Lucien había vuelto a proponer la idea de darle un hermanito a Celeste, ella había dejado de planificar de manera voluntaria. No había sido una decisión impulsiva, sino una mezcla de deseo, miedo y esperanza que aún no