Lucien se quedó mirándola sin moverse.
Lorain estaba de rodillas frente a él, respirando con dificultad, el cabello le caía desordenado sobre el rostro, sus manos apenas comenzaban a sangrar por el agarre de las esposas, y su pecho subía y bajaba agitado, Lorain era un completo despojo en ese momento.
De pronto, ella se inclinó hacia adelante.
Con torpeza, arrastrándose sobre las rodillas, logró acercarse lo suficiente para aferrarse a las piernas de Lucien. Sus dedos temblaban mientras se suje