Margaret luchaba por mantenerse firme, pero ya sentía cómo las piernas empezaban a temblarle. Era una traición silenciosa de su propio cuerpo. Quería gritarle a Lucien todo el daño que le estaba causando, sacarle del pecho cada decepción, cada esperanza rota… pero ya había dicho que él no generaba ningún impacto en ella. Que no esperaba nada. Y ahora debía sostenerlo, aunque le doliera hasta los huesos.
Lucien dio un paso más cerca, con cautela, sin querer invadir su espacio, la expresión de Ma