—¿Qué pasa? — Margaret preguntó, bajando la voz.
—Nada en especial, Margaret, solo que… —Lucien comenzó a hablar, pero antes de que pudiera continuar, un leve llanto interrumpió la frase. Celeste se había despertado.
—¡Ay, pequeña! —Margaret exclamó, levantándose de inmediato—. Menos mal que te has despertado justo cuando llegó tu padre.
Se acercó a la cuna con movimientos delicados y tomó a la bebé en brazos, entregándosela a Lucien con un gesto natural que le arrancó una sensación extraña de