CAPÍTULO 111
Margaret permaneció unos segundos apoyada contra el escritorio, de espaldas a Adrien. No lograba comprender del todo su insistencia. Inspiró despacio antes de girarse. No quería que él notara lo cansada que estaba de luchar contra todo: contra su pasado, contra las decisiones que debía tomar, contra esa presión constante que parecía venir incluso de quienes decían preocuparse por ella.
—Adrien —dijo al fin—, no es necesario que sigas esperando.
Él levantó la mirada con calma, esa calma que al final también la exasperaba.
—Ha pasado mucho tiempo —continuó ella—. No tienes por qué quedarte aquí, orbitando alrededor de mí. Puedes estar con alguien que de verdad te ame… alguien que pueda darte lo que yo no.
Adrien no respondió de inmediato. Se recostó apenas en la silla, dejó escapar una sonrisa leve, cansada, y se frotó las sienes con los dedos, como si intentara aliviar una presión invisible.
—Es que tú no lo entenderías —dijo, sin reproche.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué es l