Un giro inesperado (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Viktor
Una llamada de Oleg Todorov nunca traía nada bueno. Vaticinaba desastre, gritos… o un pie directo en la tumba. No exageraba. Para el viejo, los negocios —su puto imperio de drogas— siempre habían estado por encima de cualquier vínculo sanguíneo. Incluso la forma en que se dirigía a mí lo dejaba claro: fría, distante, como si hablara con un subordinado y no con su hijo.
Era evidente que el secuestro de la zorra de Arianna Stoica ya había llegado a sus oídos. También