Un giro inesperado (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Viktor
Una llamada de Oleg Todorov nunca traía nada bueno. Vaticinaba desastre, gritos… o un pie directo en la tumba. No exageraba. Para el viejo, los negocios —su puto imperio de drogas— siempre habían estado por encima de cualquier vínculo sanguíneo. Incluso la forma en que se dirigía a mí lo dejaba claro: fría, distante, como si hablara con un subordinado y no con su hijo.
Era evidente que el secuestro de la zorra de Arianna Stoica ya había llegado a sus oídos. También la incursión de Dominic en mi propiedad. Lo único que aún me carcomía por dentro era una pregunta: ¿estaba muerto… o no?
El teléfono vibró otra vez en mi mano. Dudé apenas un segundo antes de responder. Ignorar a Oleg solo servía para alargar la agonía.
Me aparté unos pasos, inhalé despacio y contesté.
—Hola, padre —dije con cautela—. Extraño que me llames tan seguido. ¿Qué necesitas?
Su silencio duró lo justo para incomodarme.
—Viktor —respondió al fin—, algún día quisiera que no preguntes. Que