Entre el fuego y la desconfianza (2da. Parte)
El mismo día
Moscú
Viktor
Existían riesgos cuando le encargué a Petrovic ocuparse de Russell, pero jamás imaginé que sería tan estúpido como para dejar huellas. Con la experiencia que tenía, debía hacer un trabajo limpio: sin rastro, sin testigos, sin errores. Incluso podría sortear cualquier imprevisto. Aun así, nunca confié en el cabrón. Por eso Tatiana era mis ojos y mis oídos en Kazanlak.
Su llamada trajo buenas noticias… pero también encendió mis alarmas. Russell abrió la boca antes de mor