capitulo 34

Se quedó de pie en medio del cuarto.

Estaba tan blanco que parecía haber visto un fantasma. Su corazón latía a millón, golpeándole el pecho con violencia.

Claudio, que acababa de entrar desde el despacho contiguo, lo vio de inmediato.

Se acercó con el ceño fruncido.

-¿Qué sucede, hijo? Estás pálido. ¿Te sientes mal? -preguntó al verlo desmejorado.

Enzo lo miró.

Parpadeó una vez.

Intentó hablar, pero la voz no le salió.

-Padre.

La palabra fue apenas un hilo.

Claudio se tensó.

-Siéntate. -ordenó
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