Claudio hablaba con el padre Ricardo en la pequeña sala del departamento parroquial. La puerta estaba entreabierta y sus voces salían firmes, graves, sin titubeos.
—No puedo quedarme al margen, Padre. —decía Claudio
—Si algo me corresponde, lo asumo. No voy a esconderme detrás de nadie.
—La responsabilidad no es un castigo, hijo. —respondió Ricardo con serenidad.
—Es una elección. Y tú estás eligiendo bien. Y estoy seguro de que Oli estará a tu lado en el proceso.
Aimar, limpió sus lágrimas y s