[ALYA]
El reloj marca las dos de la madrugada, pero el tiempo ya no existe. La brisa del mar entra por los ventanales abiertos, trayendo consigo el olor a sal, a humedad y a libertad. Las cortinas se mueven con el viento, rozando la cama donde Zaed y yo permanecemos enredados entre las sábanas y los recuerdos.
La ciudad allá abajo es solo un murmullo. Aquí arriba, solo se escucha el sonido de nuestras respiraciones que todavía no encuentran su ritmo.
Zaed acaricia mi cabello, despacio, como si