[ALYA]
El amanecer se cuela por los ventanales del penthouse como una promesa incierta. La luz es suave, de un tono que trasmite tranquilidad, y baña las sábanas desordenadas que todavía guardan el calor de la noche. El mar allá abajo parece tranquilo, como si también necesitara un respiro.
Zaed duerme a mi lado, con el brazo extendido sobre mi cintura. Su respiración es profunda, acompasada. Por un instante, lo observo en silencio. La línea de su mandíbula, la curva de sus labios, la serenidad