[ZAED]
El sonido del motor se apaga cuando llego a casa. El aire de la bahía todavía huele a sal, a madrugada y a ella. A Alya. Cierro los ojos un segundo, intentando borrar la sensación de su piel, el eco de su voz diciéndome que era imposible. Pero no hay forma de borrar lo que ocurrió. Ni el fuego en mi cuerpo, ni el vacío que me dejó cuando se fue.
Respiro hondo antes de abrir la puerta. El silencio del vestíbulo es sofocante, roto solo por el eco lejano de los tacones de Isabella en el már