[ZAED]
El amanecer llega lento, como si el cielo dudara en entregarnos la luz. El yate se mece con un ritmo suave sobre el mar, y el aire huele a sal, a perfume de mujer y a recuerdos. La sábana blanca está enredada entre nuestros cuerpos. Alya duerme todavía, envuelta en ese silencio frágil que sigue a la tormenta. Su cabello cae sobre la almohada, y su respiración —suave, irregular— me atraviesa el pecho.
No puedo dejar de mirarla. Toda mi vida, incluso cuando juré olvidarla, ha girado alrede