[ZAED]
La puerta del departamento se cierra detrás de nosotros con un clic suave, casi tímido.
No hay aplausos.
No hay música.
No hay celebración.
Solo nosotros dos… y el eco de todo lo que dejamos atrás.
Alya se queda quieta en el recibidor, con el abrigo aún puesto, como si su cuerpo no hubiera entendido del todo que ya llegamos. Yo dejo las llaves sobre la mesa sin hacer ruido. El departamento está en penumbra, iluminado apenas por la luz de la calle que entra por las ventanas altas. Milán s