[ZAED]
bro la puerta con el pulso firme solo porque no puedo permitirme otra cosa.
No hay gritos. No hay escándalo. No hay irrupción violenta.
Y, curiosamente, eso es lo que más miedo me da.
Mi papá está allí, erguido como siempre, impecable incluso a esta hora, con el abrigo oscuro perfectamente acomodado sobre los hombros. A su lado está Donato. El papá de Alya. Su expresión es distinta a la de la mañana: cansada, dura, como si hubiera pasado la noche entera discutiendo con fantasmas que nunc