[ZAED]
Las consecuencias no llegan con gritos.
Llegan con puertas cerradas, con silencios calculados, con miradas que pesan más que cualquier amenaza dicha en voz alta.
Apenas cruzamos el pasillo privado detrás de la sala de conferencias, Alya y yo soltamos el aire al mismo tiempo, como si hubiéramos estado conteniéndolo durante horas. No digo nada. Ella tampoco. Caminamos unos pasos más hasta quedar fuera del alcance de micrófonos y cámaras. Ahí, recién ahí, siento el temblor leve en su mano.