[ZAED]
El penthouse nos recibe en silencio, como si también estuviera cansado.
Cierro la puerta detrás de nosotros y, por primera vez desde que terminó la conferencia, el ruido del mundo queda afuera. No hay periodistas, no hay cámaras, no hay padres ni asesores ni palabras medidas. Solo Alya y yo, aún vestidos con la tensión del día adherida a la piel.
Alya se quita los zapatos despacio, como si el simple gesto le devolviera algo de control. Los deja a un lado, camina descalza sobre el mármol frío y se detiene frente a la ventana que da a la ciudad.
Miami brilla. Indiferente. Hermosa. Cruel.
—Siento que no he respirado en todo el día —dice, sin mirarme.
Me acerco por detrás, rodeo su cintura con los brazos y apoyo la frente en su hombro. La noto rígida, agotada, sosteniéndose por pura voluntad.
—Ven conmigo —le susurro—. Necesitamos bajar el ruido.
Ella asiente apenas.
La llevo al baño principal. La luz es tenue, cálida. El vapor empieza a subir cuando abro la llave y el sonido del a