[ZAED]
El aire se vuelve denso, casi irrespirable. Mis manos todavía sostienen las de Alya, pero siento que el mundo entero se desploma a mi alrededor. Samuel… su nombre se clava en mi pecho como un puñal invisible, arrastrando consigo todo el peso de la traición, la culpa y la desesperación.
—¿Qué…? —mi voz suena apenas un susurro, pero lleno de incredulidad y rabia contenida—. ¿Aceptaste?
Alya asiente, apenas, con la mirada baja, y algo dentro de mí se rompe en mil pedazos. Todo lo que creí p