[ZAED]
El café que pedimos después de la clínica se ha enfriado entre nuestras manos. Ninguno de los dos habló mucho. No hacía falta, solo basta con mirarnos. El sonido de ese pequeño latido sigue golpeándome el pecho como si fuera un recuerdo vivo.
Caminamos de regreso al departamento en silencio, pero un silencio distinto. No es tensión. No es miedo. Es… reverencia.
Alya mantiene una mano sobre su vientre, como si pudiera proteger algo que todavía es casi invisible. Yo la observo de reojo y l